Traducción: Renate Hellmich
Johannes Kaup: Sr. Hellinger, el amor parece ser en nuestro tiempo un bien escaso, un bien muy asediado, algo por lo cual uno siente nostalgia pero que casi no logra concretarse.
Cuando uno mira la duración, la duración promedio de las relaciones, la movilidad que se refleja en nuestro mundo de relaciones, se tiene la impresión de que con el amor las cosas no están yendo del todo bien. ¿Es esto así o las personas buscan hoy día con mayor precisión aquello que las sostenga?
Bert Hellinger: Si he comprendido bien su pregunta, se trata ante todo de la relación de amor entre hombre y mujer. Esta relación de amor en nuestro tiempo actual es vista en la mayoría de los casos desde el punto de vista del yo. O sea, ¿Qué cosa va a colmarme en esta relación de amor y al mismo tiempo me va a estimular?, luego las personas se buscan una pareja que les prometa lo que ellas esperan de ella y de la cual están suponiendo, que lo va a poder lograr. Esto es recíproco, los dos partenaires buscan eso.
Pero sucede que la relación entre hombre y mujer esta integrada en un contexto más extenso, por naturaleza su finalidad son los hijos, la formación de una familia, la continuidad de la vida.
La relación de pareja en sí, es el primer paso en esta dirección, pero si la mirada sobre este contexto más amplio se pierde, entonces el amor se empobrece (o se atrofia) porque no tienen en cuenta este contexto.
Esto sería lo primero. Lo segundo es que el amor o la relación de amor siempre tiene consecuencias. Algunos suponen que pueden tener el amor de la misma manera que uno obtiene una golosina, que se compra en un supermercado, que uno la come y que cuando ya no le gusta más, se busca la próxima. La que se puede comprar y nuevamente comer.
Sin embargo la experiencia o mejor dicho la observación, eso se puede observar con exactitud, es que a través de la realización del amor en sentido pleno o sea, a través de la consumación sexual, con todos sus riesgos, se establece entre la pareja un vínculo que no les permite volver a separarse. Que este vínculo es estable se percibe en el efecto. Ya no pueden separarse sin dolor o sin el sentimiento de fracaso y culpa.
En el amor, por lo tanto, tiene efecto algo que va más allá del amor. Por un lado en el contexto tiene efecto la meta y por otro lado tiene efecto un orden, en el interior del cual, el amor puede desplegarse. Cuando este orden no es reconocido o es desmentido, esto tiene efectos retroactivos sobre el amor.
Johannes Kaup: Usted habla de un orden, un orden natural subyacente a todo esto. Nosotros sin embargo hemos hecho la experiencia de que en una relación inmadura, que Jürg Willis señalaría como una relación de colusión (complicidad), en la que uno se engarza en una relación dependiente, de tal manera, que se hace prácticamente imposible tener una relación satisfactoria mientras esta colusión no se disuelva. A veces hay que resolverla con la separación, ¿Usted subrayaría esto o diría que toda separación es una catástrofe?
Bert Hellinger: La colusión se produce porque los dos partenaires todavía siguen ligados a su familia de origen y porque la disolución o separación de la familia de origen no se ha logrado. Esto también pertenece al orden: que la separación con la familia de origen se logre. Si uno se queda en lo evidente, cuando dos no se llevan bien, sin mirar al mismo tiempo que esto se vincula a la familia de origen, entonces la separación de la pareja nunca va a traer la solución.
La solución se alcanza cuando la separación de la familia de origen se logra y cuando se logra la solución de los enredos, de los destinos de la familia de origen. Por lo tanto en vez de reducirlo todo a la relación de pareja, me planteo también aquí un horizonte más amplio en el enfoque. (en la mirada)
Yo me detendría en primer lugar, en cómo la pareja, cómo cada uno de los partenaires se podría separar de la mejor manera de su familia de origen, cuando ellos se miren después de esto, se logrará lo que antes no se podía lograr.
Johannes Kaup: ¿Cuando dos personas se encuentran y se enamoran, aparece al mismo tiempo el efecto de algo más grande de lo que ellos mismos tienen conciencia o se podría decir: Si, me fascina tu cuerpo, tu figura, no quiero en realidad más que eso? ¿Qué es aquello que lleva a que las personas se unan? ¿Hay algo más grande en su opinión o esto también es algo muy evidente?
Bert Hellinger: Algunos van montados sobre un burro y cuando el burro no quiere seguir le ponen delante una zanahoria, él va detrás de la zanahoria y uno puede seguir montado.
Cuando uno mira la duración, la duración promedio de las relaciones, la movilidad que se refleja en nuestro mundo de relaciones, se tiene la impresión de que con el amor las cosas no están yendo del todo bien. ¿Es esto así o las personas buscan hoy día con mayor precisión aquello que las sostenga?
Bert Hellinger: Si he comprendido bien su pregunta, se trata ante todo de la relación de amor entre hombre y mujer. Esta relación de amor en nuestro tiempo actual es vista en la mayoría de los casos desde el punto de vista del yo. O sea, ¿Qué cosa va a colmarme en esta relación de amor y al mismo tiempo me va a estimular?, luego las personas se buscan una pareja que les prometa lo que ellas esperan de ella y de la cual están suponiendo, que lo va a poder lograr. Esto es recíproco, los dos partenaires buscan eso.
Pero sucede que la relación entre hombre y mujer esta integrada en un contexto más extenso, por naturaleza su finalidad son los hijos, la formación de una familia, la continuidad de la vida.
La relación de pareja en sí, es el primer paso en esta dirección, pero si la mirada sobre este contexto más amplio se pierde, entonces el amor se empobrece (o se atrofia) porque no tienen en cuenta este contexto.
Esto sería lo primero. Lo segundo es que el amor o la relación de amor siempre tiene consecuencias. Algunos suponen que pueden tener el amor de la misma manera que uno obtiene una golosina, que se compra en un supermercado, que uno la come y que cuando ya no le gusta más, se busca la próxima. La que se puede comprar y nuevamente comer.
Sin embargo la experiencia o mejor dicho la observación, eso se puede observar con exactitud, es que a través de la realización del amor en sentido pleno o sea, a través de la consumación sexual, con todos sus riesgos, se establece entre la pareja un vínculo que no les permite volver a separarse. Que este vínculo es estable se percibe en el efecto. Ya no pueden separarse sin dolor o sin el sentimiento de fracaso y culpa.
En el amor, por lo tanto, tiene efecto algo que va más allá del amor. Por un lado en el contexto tiene efecto la meta y por otro lado tiene efecto un orden, en el interior del cual, el amor puede desplegarse. Cuando este orden no es reconocido o es desmentido, esto tiene efectos retroactivos sobre el amor.
Johannes Kaup: Usted habla de un orden, un orden natural subyacente a todo esto. Nosotros sin embargo hemos hecho la experiencia de que en una relación inmadura, que Jürg Willis señalaría como una relación de colusión (complicidad), en la que uno se engarza en una relación dependiente, de tal manera, que se hace prácticamente imposible tener una relación satisfactoria mientras esta colusión no se disuelva. A veces hay que resolverla con la separación, ¿Usted subrayaría esto o diría que toda separación es una catástrofe?
Bert Hellinger: La colusión se produce porque los dos partenaires todavía siguen ligados a su familia de origen y porque la disolución o separación de la familia de origen no se ha logrado. Esto también pertenece al orden: que la separación con la familia de origen se logre. Si uno se queda en lo evidente, cuando dos no se llevan bien, sin mirar al mismo tiempo que esto se vincula a la familia de origen, entonces la separación de la pareja nunca va a traer la solución.
La solución se alcanza cuando la separación de la familia de origen se logra y cuando se logra la solución de los enredos, de los destinos de la familia de origen. Por lo tanto en vez de reducirlo todo a la relación de pareja, me planteo también aquí un horizonte más amplio en el enfoque. (en la mirada)
Yo me detendría en primer lugar, en cómo la pareja, cómo cada uno de los partenaires se podría separar de la mejor manera de su familia de origen, cuando ellos se miren después de esto, se logrará lo que antes no se podía lograr.
Johannes Kaup: ¿Cuando dos personas se encuentran y se enamoran, aparece al mismo tiempo el efecto de algo más grande de lo que ellos mismos tienen conciencia o se podría decir: Si, me fascina tu cuerpo, tu figura, no quiero en realidad más que eso? ¿Qué es aquello que lleva a que las personas se unan? ¿Hay algo más grande en su opinión o esto también es algo muy evidente?
Bert Hellinger: Algunos van montados sobre un burro y cuando el burro no quiere seguir le ponen delante una zanahoria, él va detrás de la zanahoria y uno puede seguir montado.
La zanahoria lo estimula para que siga y ni siquiera se da cuenta la carga que lleva, así es también aquí algunas veces. Hay ilusiones que están en juego, que desconocen quien lo esta montando a uno y hacia donde nos esta llevando.
Entonces sucede también que existe un despertar, y eso es algo extraño, cuando dos están tan fascinados el uno con el otro, seguramente actúan muchas fuerzas ocultas que no estamos reconociendo.
Esto va mucho más allá de la atracción inmediata, ahí intervienen recuerdos de diferentes niveles. Por ejemplo, había una pareja muy bien casada y durante mucho tiempo las cosas funcionaban fantásticamente, pero un día la mujer se compró un libro de cocina y empezó a cocinar de manera diferente a lo habitual.
Entonces se descubrió que lo que anteriormente había ligado a este hombre a la mujer, era que ella cocinaba igual a como se cocinaba en su casa.
Esta pequeña modificación trajo un efecto decisivo. Cuando pasa algo así, nosotros nos reímos, pero son cosas que desde muchos niveles actúan al mismo tiempo. Para mí lo de las parejas es algo muy simple: cuando se miran a los ojos, verdaderamente a los ojos, solamente ven el alma, cuando las almas se encuentran en ese sentido, entonces el amor es posible. Pero ese encuentro de las almas no le permite al individuo apropiarse del otro, el no la posee, el solamente la ve. Muchas veces se da entonces una comunicación que es profunda, que es fiel, y que es sólida con muy pocas ilusiones. No es del todo estrecha, porque se respeta lo del otro y sin embargo se sostiene, sin embargo es durable.
Johannes Kaup: Eso quiere decir que usted hace una diferencia entre lo que atrae a dos personas y el amor, que entonces es posible pero no necesario, porque teóricamente es posible relacionarse con personas muy diferentes, nos sentimos frecuentemente atraídos por personas muy diferentes y elegimos a uno o a veces no elegimos, eso quiere decir que debería existir también la posibilidad de establecer un vínculo único con personas muy diferentes.
Bert Hellinger: Cada relación es única, tan pronto como yo intimo (o me entrego a una relación) a los fines de la realización del amor (o del colmamiento del amor) estoy ligado y el libre albedrío termina instantáneamente. La representación (o la fantasía) de que aún podría tener esta libre elección ya no es posible.
Johannes Kaup: Por qué no es posible?
Bert Hellinger: Le voy a explicar, la pareja con la que uno se ha unido (o a la que uno se ha entregado) se transforma en parte de la vida, ya no puedo salir de ahí, formamos parte de un alma en común para decirlo de alguna manera, la pareja que tenemos pone en movimiento lo que solamente con esa pareja es posible. Y pone entre paréntesis lo que después ya no va a ser posible o sea que la libre elección termina instantáneamente, pero esto no es una desventaja, cuando yo me entrego verdaderamente a esta persona, justamente por estas restricciones y porque está restringido, surgen desafíos y fuerzas que en la libre elección no podrían alcanzarse, quiere decir que en esa restricción, las metas que se alcanzan superan ampliamente a las que se hubieran alcanzado en la libre elección porque lo que colma no es lo mucho sino lo esencial.
Johannes Kaup: Yo leí en uno de sus libros que el enamoramiento enceguece y que el amor hace ver. ¿Puede decirse eso, no es acaso el enamoramiento o el éxtasis algo que pertenece desde siempre al hombre, algo que éste añora siempre de nuevo y que incluso es añorado en una relación permanente con una persona? y que uno podría decir esos son los tiempos altos de una relación (tiempos altos en alemán quiere decir casamiento). Tiempos en los que puede emerger esta visión compartida, este volver a enamorarse otra vez. Ciertamente tenemos con frecuencia la experiencia que eso no sucede o que eso no va, que el acostumbrarse y las costumbres en la vida cotidiana y los pesos del vínculo y las quejas aprietan la espalda, pero volvamos para atrás. ¿Entre el amor y el enamoramiento existe realmente tal oposición?
Bert Hellinger: Si, en el enamoramiento tengo una imagen del otro sin conocerlo, todavía no lo veo, tengo una imagen de deseo. Cuando se alcanza la plenitud de a poco uno comienza a ver al otro como es, concordar con eso, concordar con el otro tal como es con su grandeza y sus debilidades eso es amor. En el enamoramiento, yo concuerdo con el otro tal como me lo estoy imaginando, no como él es, por eso el despertar del enamoramiento es una condición previa para lograr el amor, lo que usted dijo, que uno puede recordar del comienzo de la relación, es por supuesto lindo. Fecunda el amor por la felicidad del comienzo. Si uno junta esto, el mirar al otro tal cual es, el concordar con él tal cual es, con el recuerdo de esa temprana felicidad, eso tiene un efecto estimulante y es también curativo.
Johannes Kaup: ¿Cuáles son los problemas más importantes con los que usted se enfrenta en una terapia de pareja, cuando dos personas se encontraron, y están juntos un par de años, pero quizás se despiertan asustados y el golpe en la nuca es: no me imaginaba que eras así, de esta manera no quiero vivir contigo, eso puede ser una catástrofe, llegan después a su consulta; podría contar algunos ejemplos y que es lo que uno puede hacer desde el punto de vista terapéutico? ¿Cuáles son los órdenes que deben ponerse al descubierto ahí?
Bert Hellinger: Las soluciones siempre están más allá de lo inmediato, si miro al otro sólo como una persona individual se produce este despertar. Si veo como él esta entramado en su familia y si sé algo de enredos, entonces comprendo, que él no podría ser de otra manera de lo que él es.
Tengo aquí un ejemplo: un hombre era frecuentemente violento, pero no se descargaba con su mujer, sino con objetos, yo le pregunté que pasó en tu familia de origen, el abuelo había sido conductor de un campo en Yugoslavia y había dirigido un campo de prisioneros, para mí está claro: Esto, no acabó sin crimen.
Este abuelo, al final de la guerra se suicidó. Lo que también es significativo. A continuación constelé un representante para el abuelo y también constelé los representantes de las víctimas. El representante del abuelo comenzó a sudar, sudó tanto que traspasó su camisa de sudor. Después le indiqué que se pusiera al lado de las víctimas, me di cuenta repentinamente que ese era el lugar en el que debía estar. Al hombre le había dicho antes: tienes una mirada extraviada, el contestó: Esto nunca nadie me lo ha dicho. Yo le dije: yo veo eso.
A continuación tomé uno de los representantes de la víctima y al representante del abuelo y los puse uno al lado del otro e hice que este hombre se pusiera con la espalda apoyado en ambos y le indiqué que deje confluir dentro de él lo que pertenece a ambos, o sea, el sentimiento del perpetrador y el de ser perpetrado y el sentimiento de ser víctima y el ser víctima, hasta que se convierta en una unidad.
Después, le pedí a ese hombre que se diera vuelta, hice que abrazara a ambos y que los deje confluir en una unidad dentro de él. En ese momento sucede algo, que hace que esa violencia dentro de él ya no sea posible porque él fue capaz de verlo en ese contexto, él puede dejarlo allí, allí a donde pertenece, en lo de su abuelo y puede dejarlos muertos debajo de él y puede dedicarse ahora a su mujer.
Johannes Kaup: Insisto una vez más con la pregunta, ¿Cómo describiría usted la dinámica que hace falta, si ahora llegara alguien a la consulta y le dice: queremos hacer algo por nuestro matrimonio pero no podemos, no sabemos qué. Sabemos ahora que nuestra relación en realidad estuvo construida en el enamoramiento, sobre una imagen, no nos soportamos de esta manera, o yo no soporto de esta manera a mi mujer o la mujer no soporta de esta manera a su marido. Hay allí una solución más allá de la separación?
Bert Hellinger: Depende. Si uno a lastimado con algo serio al otro, por ejemplo, si el hombre ha pedido a su mujer que aborte un chico de ellos y la mujer no quería, esto es un hecho de tanto peso que muchas veces el divorcio es inevitable.
Johannes Kaup: ¿De qué depende esto?
Bert Hellinger: Es una herida (un daño), que ya no es posible curar, hay acciones que tienen consecuencias que no son reversibles, esto hace falta reconocerlo. Si bien va en contra de la imaginación generalizada de que uno podría y debería solucionar todo.
Por otro lado, hace falta a veces saber acerca del enredo. Cuando este saber no está, y donde tampoco existe la predisposición para ponerlo al descubierto, la separación se torna inevitable. Pero la separación no es una solución, porque en la próxima relación las cosas van a continuar de la misma manera, la separación es entonces una huída de aquello de lo que la vida exige al individuo.
Johannes Kaup: ¿Por qué es así, por qué esta dinámica tiene efectos también en la relación siguiente?
Bert Hellinger: La relación tiene un aspecto muy importante, ella es un andamiaje contra la muerte. Ese todo sirve a la sustentación de la vida. Tan pronto como haya hijos, el sentido y la causa de la relación ha finalizado. Aquellos que tienen hijos o que desean hijos, muestran que son concientes de que ellos saben que van hacia el fin. Esta mirada puesta en el fin es muy importante. Porque entonces uno lentamente se va despidiendo. Voy a traer un ejemplo, en uno de los cursos había un matrimonio muy anciano. La mujer dice: el hombre (mi marido) tiene cáncer y ahora tiene metástasis, estaba claro, no va a vivir mucho tiempo más. El tenía más de 70 años. Yo hice que se sentaran uno al lado del otro mirándose a los ojos y dije: está muy claro, ahora llegó el tiempo de la despedida. Toda relación se dirige hacia su fin. Los dos se miraron amorosamente y la mujer lloró. Yo hice que la mujer le diga al hombre: “me quedo contigo mientras me sea permitido” y luego hice que el hombre le dijera a la mujer: “Me quedo al lado tuyo mientras me sea permitido”. Había un increíble amor entre ellos, en presencia de la despedida y de la muerte. Esto tiene una grandeza que va mucho más allá que cuando alguien piensa que busca una relación nueva y comienza otra vez, desconoce completamente que todo va dirigido hacia su fin.
Johannes Kaup: ¿Por qué usted ve la relación tan fuertemente desde el punto de vista de la muerte y del fin. Aún si usted hace eso, que significa la muerte. Es un fin inevitable del amor, allí donde el amor termina o el amor es algo del que se espera y del que se añora que supere a la muerte?
Bert Hellinger: Es una ilusión que el amor pueda superar la muerte. Uno lo ve por ejemplo en las parejas que se suicidan conjuntamente, porque suponen que así continúan en el amor. Esto para mí es totalmente ilusorio. La muerte debe ser tomada en serio, como el colmamiento de la vida y como la culminación de la relación. Recién entonces ella está completa y redonda.
Johannes Kaup: Usted no dice perentoriedad de la vida, sino consumación. Esto es una diferencia.
Bert Hellinger: Sí, algo se redondea y se completa, lo que hay más allá, eso no lo sabemos, pero el individuo alcanza a través de eso la completud. Así es el camino de la vida. Toda vida nueva reposa sobre eso: de que otros antes hicieron lugar para que pueda estar, eso hay que verlo. Y esto que está tan instalado y organizado con miras a la duración y aparece como una relación de amor, es efímero a los ojos de la muerte. Lo que viene después, eso queda.
Johannes Kaup: Quisiera llamar su atención sobre una forma del amor, en la que aparecen constantemente grandes heridas y que usted también trabaja en sus seminarios: el amor y el muchas veces perturbado amor entre padres e hijos que puede existir pero que existe también de modo perturbado hasta una edad avanzada y que tiene efectos hasta entonces. ¿Qué diría usted? ¿Cuál es realmente la esencia del amor entre padres e hijos, una sana relación entre padres e hijos, de que se trata realmente, es comparable con una mascota que uno lleva de aquí para allá. En que consiste la gran diferencia?
Bert Hellinger: Aquí nuevamente se ve claramente que esto es visto como algo que sucede entre personas, o sea entre estos padres y el hijo o entre el hijo y esos padres. Esto solamente se puede comprender si uno lo mira en un contexto más amplio. Cuando por ejemplo la madre ha rechazado a su propia madre o no quiso saber nada de ella, entonces su hija sustituye para ella a esa madre. La relación no resuelta de la madre con su madre se transfiere a la relación de la madre con el hijo. Eso se llama una parentificación. No existe ninguna solución entre la madre y su hijo antes de que esta madre no mire a su madre, se incline ante ella y le de la honra que le corresponde como madre. Y antes de que ella no tome de su propia madre lo que esta madre le regaló, lo honre y lo deje desarrollar dentro de ella y lo regale de este modo a su hija. La hija está inmediatamente aliviada cuando la madre frente a su madre completa esta realización.
Johannes Kaup: Pero eso es terriblemente difícil para algunos porque posiblemente la madre no considere que tiene que honrar a su madre, sobretodo no lo considera cuando ella quizás fue pegada por su madre o fue menospreciada en su propio ser mujer, no fue aceptada y para decirlo de alguna manera su historia de culpa nuevamente se arraiga en otra historia de culpa.
Bert Hellinger: Usted nuevamente lleva las cosas a una relación de dos, no es una relación de dos, en familias y en parejas no hay relación de dos, siempre son relaciones entre sistemas. Mientras yo siga fijado en una relación de dos no hay solución, todo buen consejo a la madre y todo buen consejo a la hija no aportará ningún resultado.
Le voy a traer un ejemplo: una mujer a la que ni siquiera conozco, me escribe una carta. Ella es la segunda mujer de su marido y dice tener una hija en común que no quiere saber nada de sus padres, ella rompió todo contacto con esa hija. Fue entonces que se le ocurrió que quizás habría que ordenar algo en relación a la primera mujer de su marido y en relación al padre de su marido, ya que los dos estaban excluidos. Al atardecer, encendió una vela y se inclinó muy profundamente delante de la primera mujer de su marido y dijo: “ahora te doy el honor”. A la noche siguiente hizo lo mismo con el padre de su marido, encendió una vela, se inclinó profundamente y le dijo: “te doy el honor”.
Pocos días mas tarde la hija la llamó: Mamá, voy, y ella fue. Estuvo extremadamente feliz, no tenía palabras para decir lo mucho que le gustaba su casa y todo se ordenó.
Johannes Kaup: Me gustaría preguntarle que quiere decir darle a alguien el honor, honrar a alguien. Eso no lo hago con pronunciar tan solo una frase: “yo te honro”.
Bert Hellinger: Eso es barato.
Johannes Kaup: Eso es barato, eso es casi un poquito teatral. ¿Qué es lo que sucede cuando yo honro a alguien? ¿Qué es lo que tiene efecto realmente?
Bert Hellinger: Honrar quiere decir que yo reconozco que esa persona pertenece (Forma parte). En ese ejemplo que yo le di, quiere decir que la madre le dice a la primera mujer, “tu me antecedes, tu eres la primera. Yo soy la segunda” y lo que le dice al padre del marido es: “tu tienes prioridad, solamente a través tuyo tengo a este hombre. Yo reconozco esto. Ahora te doy un lugar en mi corazón, un lugar honorable”. En ese instante el otro puede acercarse, puede ser gentil y todo el sistema cobra fuerza a través de esto, esta fuerza después se expresa. Pero decir así como así yo te honro, no, tan barato no es esto. Esto es un proceso de transformación que es completado por lo más profundo del alma.
Johannes Kaup: En este proceso de transformación, en el que los hijos honran a sus padres o deberían honrarlos, hay lugar también para la emoción como por ejemplo el odio, tan bien existe esto, porque tan rápido no puede suceder esto. Eso son soluciones de las que usted habla, pero también en el proceso emocional aparece mucha agresión, rabia, odio y otros sentimientos diversos que sencillamente son necesarios a veces, no hace falta que sean expresados pero deben ser por lo menos tenidos en cuenta.
Bert Hellinger: Yo no he visto eso, eso son imaginaciones, que se describen o que se difunden sin que yo las haya visto jamás. El hijo ama a sus padres de una manera muy profunda, en este amor uno puede confiar totalmente. Lo que sucede es que cuando el acceso de este hijo a su padre o a su madre le fue imposibilitado, por ejemplo, cuando estuvo mucho tiempo en un hospital, entonces el dolor es tan grande que este dolor se expresa como agresión. Pero este es el otro lado de la pérdida sufrida, es solamente otro lado del amor, de lo que se trataría ahora es de volver hacia atrás y hacer aparecer la interrupción del amor hacia el padre o hacia la madre. Eso es un proceso muy doloroso, pero allí donde se logra esto, todo lo que uno ha señalado como motivo de odio ya no tiene ninguna importancia.
Johannes Kaup: Pero usted conoce esa experiencia de que uno realmente solo puede odiar a aquel que se ama. Yo creo que no puedo odiar a nadie tanto como a mi propia mujer. Y probablemente no pueda amar a nadie tanto como a ella.
Bert Hellinger: Este odio es un sentimiento infantil, personas adultas no odian en ese sentido, odian solamente cuando se sienten como niños o sea, impotentes como niños, por este motivo un hombre no puede odiar a su mujer, el puede transferir algo sobre ella desde su infancia, eso es algo completamente diferente. Pero reducir esta situación simplemente a la conducta, esto no funciona. No es posible. La sencilla solución entre padres e hijos es que el hijo reconozca, “yo tengo la vida de ustedes, ustedes son mis padres y yo los tomo a ustedes así como son, como mis verdaderos padres”. Con esto el chico queda en paz.
Entonces puede tomar de sus padres también algo distinto, aquello que los padres le ofrecen. Nosotros muchas veces tenemos la idea loca que podríamos haber tenido otros padres, o que los padres tendrían que haber sido distintos de lo que son, en ese instante el chico está completamente limitado, en el fondo está como loco.
Muchas pretensiones que los hijos tienen hacia los padres, son por lo general pretensiones locas, que los padres nunca podrían cumplir y aún si las intentaran cumplir, el chico no las aceptaría, porque esas exigencias provienen de otro nivel, el chico no quiere algo de los padres en ese sentido, lo que tiene efecto en ese contexto, es una dinámica completamente distinta.
Lo que todavía era importante en relación a lo que usted dijo anteriormente sobre el odio de los padres: un chico que odia a los padres se va a castigar enormemente porque la profundidad del alma no permite esto. Es una herida o una agresión tan profunda contra el orden que esto no es posible. Y es además típicamente occidental. Entre los zulúes por ejemplo, nunca he visto que alguien hablara de manera despectiva de sus padres. Eso era impensable. Ellos todavía pueden ver lo que quiere decir recibir la vida de los padres.
Le voy a traer un ejemplo: una mujer a la que ni siquiera conozco, me escribe una carta. Ella es la segunda mujer de su marido y dice tener una hija en común que no quiere saber nada de sus padres, ella rompió todo contacto con esa hija. Fue entonces que se le ocurrió que quizás habría que ordenar algo en relación a la primera mujer de su marido y en relación al padre de su marido, ya que los dos estaban excluidos. Al atardecer, encendió una vela y se inclinó muy profundamente delante de la primera mujer de su marido y dijo: “ahora te doy el honor”. A la noche siguiente hizo lo mismo con el padre de su marido, encendió una vela, se inclinó profundamente y le dijo: “te doy el honor”.
Pocos días mas tarde la hija la llamó: Mamá, voy, y ella fue. Estuvo extremadamente feliz, no tenía palabras para decir lo mucho que le gustaba su casa y todo se ordenó.
Johannes Kaup: Me gustaría preguntarle que quiere decir darle a alguien el honor, honrar a alguien. Eso no lo hago con pronunciar tan solo una frase: “yo te honro”.
Bert Hellinger: Eso es barato.
Johannes Kaup: Eso es barato, eso es casi un poquito teatral. ¿Qué es lo que sucede cuando yo honro a alguien? ¿Qué es lo que tiene efecto realmente?
Bert Hellinger: Honrar quiere decir que yo reconozco que esa persona pertenece (Forma parte). En ese ejemplo que yo le di, quiere decir que la madre le dice a la primera mujer, “tu me antecedes, tu eres la primera. Yo soy la segunda” y lo que le dice al padre del marido es: “tu tienes prioridad, solamente a través tuyo tengo a este hombre. Yo reconozco esto. Ahora te doy un lugar en mi corazón, un lugar honorable”. En ese instante el otro puede acercarse, puede ser gentil y todo el sistema cobra fuerza a través de esto, esta fuerza después se expresa. Pero decir así como así yo te honro, no, tan barato no es esto. Esto es un proceso de transformación que es completado por lo más profundo del alma.
Johannes Kaup: En este proceso de transformación, en el que los hijos honran a sus padres o deberían honrarlos, hay lugar también para la emoción como por ejemplo el odio, tan bien existe esto, porque tan rápido no puede suceder esto. Eso son soluciones de las que usted habla, pero también en el proceso emocional aparece mucha agresión, rabia, odio y otros sentimientos diversos que sencillamente son necesarios a veces, no hace falta que sean expresados pero deben ser por lo menos tenidos en cuenta.
Bert Hellinger: Yo no he visto eso, eso son imaginaciones, que se describen o que se difunden sin que yo las haya visto jamás. El hijo ama a sus padres de una manera muy profunda, en este amor uno puede confiar totalmente. Lo que sucede es que cuando el acceso de este hijo a su padre o a su madre le fue imposibilitado, por ejemplo, cuando estuvo mucho tiempo en un hospital, entonces el dolor es tan grande que este dolor se expresa como agresión. Pero este es el otro lado de la pérdida sufrida, es solamente otro lado del amor, de lo que se trataría ahora es de volver hacia atrás y hacer aparecer la interrupción del amor hacia el padre o hacia la madre. Eso es un proceso muy doloroso, pero allí donde se logra esto, todo lo que uno ha señalado como motivo de odio ya no tiene ninguna importancia.
Johannes Kaup: Pero usted conoce esa experiencia de que uno realmente solo puede odiar a aquel que se ama. Yo creo que no puedo odiar a nadie tanto como a mi propia mujer. Y probablemente no pueda amar a nadie tanto como a ella.
Bert Hellinger: Este odio es un sentimiento infantil, personas adultas no odian en ese sentido, odian solamente cuando se sienten como niños o sea, impotentes como niños, por este motivo un hombre no puede odiar a su mujer, el puede transferir algo sobre ella desde su infancia, eso es algo completamente diferente. Pero reducir esta situación simplemente a la conducta, esto no funciona. No es posible. La sencilla solución entre padres e hijos es que el hijo reconozca, “yo tengo la vida de ustedes, ustedes son mis padres y yo los tomo a ustedes así como son, como mis verdaderos padres”. Con esto el chico queda en paz.
Entonces puede tomar de sus padres también algo distinto, aquello que los padres le ofrecen. Nosotros muchas veces tenemos la idea loca que podríamos haber tenido otros padres, o que los padres tendrían que haber sido distintos de lo que son, en ese instante el chico está completamente limitado, en el fondo está como loco.
Muchas pretensiones que los hijos tienen hacia los padres, son por lo general pretensiones locas, que los padres nunca podrían cumplir y aún si las intentaran cumplir, el chico no las aceptaría, porque esas exigencias provienen de otro nivel, el chico no quiere algo de los padres en ese sentido, lo que tiene efecto en ese contexto, es una dinámica completamente distinta.
Lo que todavía era importante en relación a lo que usted dijo anteriormente sobre el odio de los padres: un chico que odia a los padres se va a castigar enormemente porque la profundidad del alma no permite esto. Es una herida o una agresión tan profunda contra el orden que esto no es posible. Y es además típicamente occidental. Entre los zulúes por ejemplo, nunca he visto que alguien hablara de manera despectiva de sus padres. Eso era impensable. Ellos todavía pueden ver lo que quiere decir recibir la vida de los padres.
Johannes Kaup: Ya hemos hablado varias veces sobre órdenes, esos son sistemas de órdenes los que usted encuentra o usted ordenaría esto en un contexto más amplio. Cuando usted dice por ejemplo, el alma tiene un orden, y según ese orden deben vivir las personas, eso suena algo arcaico, como un sistema arcaico, casi como una cosmología. ¿Usted lo comprende de esta manera o usted descubre esto y se sorprende frente a lo que descubre?
Bert Hellinger: La palabra orden está recargada. Pero un árbol cuando crece, crece según un orden preconcebido, no puede escaparse de él, justamente porque el coincide con lo que lo precede, es capaz de desplegarse, pero el está siempre en un medio ambiente diferente, cada árbol es diferente y ningún árbol es igual a otro. Y aún así, siguen todos el mismo orden según el cual pueden desarrollarse. De manera similar sucede con las personas, por ejemplo, el orden muy sencillo de que cada persona tiene un padre y una madre. Hoy en día muchas veces las mujeres se comportan como si pudieran tener hijos sin un hombre o sin un padre. O los hijos se comportan como si pudieran tener su vida sin sus padres. Eso es loco. Cuando esta realidad tan sencilla puede ser reconocida, el hecho de que yo tengo padres y que son los únicos verdaderos, que si ellos fueran distintos, yo también lo seria y que yo no puedo estar en consonancia conmigo mismo si rechazo a mis padres porque rechazándolos a ellos me rechazo a mi mismo. Cuando reconozco estas cosas tan sencillas, entonces ya se ha ganado mucho.
Johannes Kaup: Usted diría, para terminar, que el amor es algo diferente a un sentimiento, trátese ya del amor de pareja o del amor hacia los padres o el amor de un hijo. Que el amor es como un estar en consonancia y en confluencia con una corriente de fondo, de nuestra existencia, que nos transporta, que nos soporta.
Bert Hellinger: Exactamente, usted lo ha dicho muy bellamente. Con este confluir en una corriente de fondo se liga también esto de que el amor se rige según un orden, orden y amor se pertenecen y en efecto, el orden antecede al amor. El amor está al servicio de este orden más grande, cuando el amor se adecua a este orden, puede desplegarse en el interior de él, de la mejor manera.
Johannes Kaup: Gracias por esta conversación.
Gracias MP por compartir siempre!!!
Gracias MP por compartir siempre!!!